"Ha pasado lo que ya se veía desde hace tiempo que iba a pasar, más que nada por la gente con la que se juntaba".
Así termina este artículo que publica hoy "El País", y donde nos cuentan el brutal asesinato de una chica de 16 años.
La moraleja de la vecindona: Ha pasado lo que tenía que pasar. Se veía venir, con esas amistades...
Como si hubiéramos retrocedido treinta años, cuando los jueces consideraban un atenuante de la violación el hecho de que la víctima vistiera minifalda. ¡Si es que van provocando! ¡Si es que se lo van buscando!
De nada vale la evidencia: entre las matadas por violencia sexual hay niñas de cinco años, de doce, de catorce...Hay adolescente, jóvenes, maduras... Ellas se lo fueron buscando.
No hay perfil de la mujer asaltada, violada y matada. Lo único que tienen en común es que en ese momento estaban solas e indefensas y cayeron víctimas de un asesino o varios, porque a veces actúan en grupo.
Comentarios como ése hacen recaer la culpa en la víctima. El asesino les quita la vida y la sociedad les quitamos la honra, el crédito, el reconocimiento de sus valores como persona.
¡Que lástima que un medio de comunicación como "El País" se preste a esta cosas y trate con tanto amarillismo esta desgracia!
Este año ya han muerto 55 mujeres por violencia de género.
domingo, 20 de septiembre de 2009
sábado, 27 de junio de 2009
Violencia de género y sociedad
MARGARITA MARÍA PINTOS 27/06/2009
La violencia contra una mujer no debe dolerle sólo a ella, sino a toda la sociedad. Todos habríamos hecho lo mismo. No se puede tolerar que estos desalmados actúen al margen de la ética, que es nuestro patrimonio". Así se expresó, por boca de su esposa, al recibir la medalla de oro de la Universidad Camilo José Cela, el profesor Jesús Neira, salvajemente agredido cuando salió en defensa de una mujer golpeada por su novio.
¿Es verdad que la violencia contra las mujeres duele a toda la sociedad? ¿En una situación similar a la del profesor Neira, todos habríamos hecho lo mismo? La persistencia de la violencia de género y la insensibilidad de la sociedad ante ella, como demuestra la falta de gestos colectivos de repulsa, apuntan a una respuesta negativa.
"Cada tres minutos, una mujer es golpeada. / Cada diez minutos, una muchachita es acosada... / Cada día aparecen en callejones, / en sus lechos, / en el rellano de la escalera, cuerpos de mujeres". Esto escribía hace casi cuatro décadas la poetisa afroamericana Ntozake Shange. Hoy la situación ha empeorado y el martirologio de género crece vertiginosamente. Según el Ministerio de Igualdad, en España a lo largo de 2008 fueron asesinadas por sus parejas 70 mujeres, a las que hay que sumar 30 más este año. Estudios recientes sobre la violencia de género demuestran que la mayoría de asesinatos de mujeres se producen en la propia casa a manos de los varones con los que conviven o han convivido.
Ésta es la forma extrema de violencia de género, pero hay otras muchas que sufren las mujeres: abusos sexuales en las escuelas, parroquias, seminarios, familias y lugares de trabajo; turismo sexual en Asia, África y América Latina; mutilación de órganos genitales; lapidaciones bajo la acusación de infidelidad o adulterio; violaciones específicamente sexuales de los derechos humanos; agresiones y penas de muerte a lesbianas; prostitución forzada y prostitución de niños y niñas; violaciones colectivas en tiempos de guerra; violaciones dentro del matrimonio y durante el noviazgo; trabajo doméstico agotador; explotación de las "empleadas de hogar"; condiciones inhumanas en que viven las mujeres inmigrantes; prácticas sexuales sadomasoquistas; agresiones físicas y psíquicas; contagio del sida por los propios esposos o compañeros; asesinatos en serie; infanticidio femenino; abusos sexuales con enfermas mentales, etcétera. A todas ellas hay que sumar otras formas de violencia económica y cultural en la sociedad, en los medios de comunicación y en la publicidad.
La violencia de género no responde a un comportamiento aislado o perverso, propio de unos cuantos varones desalmados que actúan por maldad o a quienes se les cruzan los cables y en un momento de arrebato se les va la mano y golpean brutalmente a las mujeres hasta asesinarlas. Ésa es la imagen que un patriarcado supuestamente benévolo quiere transmitir a la sociedad y que ha conseguido instalarse en el imaginario social como explicación psicológica. Pero las cosas son muy distintas. La violencia contra las mujeres es estructuralmente normativa y debe entenderse y analizarse en términos sistémicos. Es el instrumento -el arma, mejor- habitual del patriarcado para mantener el poder y ejercerlo despóticamente sobre las personas que considera inferiores: las mujeres, las niñas y los niños. "La violencia contra las mujeres constituye el núcleo esencial de la opresión kiriarquica", afirma la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza, que entiende el kiriarcado como el gobierno del emperador/señor/amor/padre/esposo sobre sus subordinados. Esa violencia no es sólo física; comprende también "la construcción cultural y religiosa de unos cuerpos femeninos dóciles y de unas personalidades femeninas sumisas".
Esta idea es compartida por Joanne Carlson Brown, ordenada ministra de la Iglesia Metodista Unida y editora de la obra Cristianismo, Patriarcado y Abuso: una crítica feminista, para quien la violencia y los abusos sexuales son los principales instrumentos del patriarcado en apoyo del dominio de los hombres sobre las mujeres. Lo más grave y preocupante es que en este juego de poderes el cristianismo -al menos la mayoría de sus dirigentes y de sus teólogos- apoya a una de las partes, y no precisamente a la más vulnerable.
El patriarcado no actúa en solitario, sino en complicidad con otros poderes y modelos opresores de organización, como el racial, el económico, el político, el militar, el religioso y el homofóbico. El patriarcado tiene un pacto, expreso o tácito, con todos ellos. Su actuación conjunta da como resultado la sumisión de las mujeres a la lógica de los varones, su invisibilidad social, política y religiosa, su negación como sujeto y, en algunos casos, su desaparición física, como las siete mujeres que fueron asesinadas el año pasado a tiros en Chechenia por no someterse a la rígida moral islámica.
El feminismo, una de las pocas revoluciones incruentas de la historia, provoca en el patriarcado una reacción violenta insospechada e inesperada, a veces legitimada por la jerarquía eclesiástica, que considera la "teoría de género" como una "revolución insidiosa" (monseñor Cañizares) y la "revolución sexual" una de las responsables del "alarmante aumento de la violencia doméstica, abusos y violencias sexuales de todo tipo, incluso de menores en la misma familia" (Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España, aprobado en la LXXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal española el 21 de noviembre de 2003).
Más grave aún, el cardenal Cañizares, tras pedir perdón por la violencia sexual contra menores en las escuelas irlandesas durante varias décadas, relativiza la gravedad de esos abusos en comparación con el aborto. ¡Qué irracionalidad! Pero la irracionalidad episcopal llega a extremos difícilmente superables en el caso de Alfa y Omega, semanario de la Archidiócesis de Madrid, que llega a afirmar: "Cuando se banaliza el sexo, se disocia de la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal" (sic). ¡Toda una legitimación "religiosa" de la violación y una gravísima agresión contra las personas violadas, que denunciamos y consideramos un verdadero delito! ¿Compartirán todos los obispos estas afirmaciones tan inmisericordes firmadas por Ricardo Benjumea, redactor jefe del "semanario católico de información" citado?
En las religiones existen modelos de dominación patriarcal que llevan a aceptar y legitimar la autoridad injusta y a influir negativamente en experiencias vitales como el amor, el cuerpo, el placer, la espiritualidad y lo sagrado, y justifican el sufrimiento de las mujeres apelando a su sentido redentor. Esos modelos de dominación no sólo no fomentan el placer, sino que lo asocian con el egoísmo. Peor aún, infligen en las mujeres dolor, al que reconocen sentido redentor y, en el caso del cristianismo, ponen como ejemplo a imitar los sufrimientos de Cristo y de los mártires.
En su obra Placer sagrado (Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1998), Riane Eisler distingue dos formas de estructurar las relaciones humanas: la solidaria o gilámica y la androcrática o dominadora. En cada modelo se establecen unas relaciones entre sexo, poder y amor, así como entre dolor, placer y sagrado. El primero sitúa a los hombres junto a las mujeres, a los gobernantes al servicio de los súbditos y al ser humano en comunicación simétrica con la naturaleza. Eisler demuestra desde la arqueología, el arte, el folclor y la mitología, que la dirección original en la estructuración de las relaciones humanas fue el modelo solidario y que posteriormente se produjo un vuelco cultural a favor del modelo androcrático. Creemos que para luchar contra la violencia de género es necesario volver al modelo gilámico de relaciones humanas, que debe estructurarse en torno a la solidaridad y que considera el placer "sagrado".
Este artículo está firmado por Margarita María Pintos y Juan José Tamayo, teólogos.
Fuente: "El País".
MARGARITA MARÍA PINTOS 27/06/2009
La violencia contra una mujer no debe dolerle sólo a ella, sino a toda la sociedad. Todos habríamos hecho lo mismo. No se puede tolerar que estos desalmados actúen al margen de la ética, que es nuestro patrimonio". Así se expresó, por boca de su esposa, al recibir la medalla de oro de la Universidad Camilo José Cela, el profesor Jesús Neira, salvajemente agredido cuando salió en defensa de una mujer golpeada por su novio.
¿Es verdad que la violencia contra las mujeres duele a toda la sociedad? ¿En una situación similar a la del profesor Neira, todos habríamos hecho lo mismo? La persistencia de la violencia de género y la insensibilidad de la sociedad ante ella, como demuestra la falta de gestos colectivos de repulsa, apuntan a una respuesta negativa.
"Cada tres minutos, una mujer es golpeada. / Cada diez minutos, una muchachita es acosada... / Cada día aparecen en callejones, / en sus lechos, / en el rellano de la escalera, cuerpos de mujeres". Esto escribía hace casi cuatro décadas la poetisa afroamericana Ntozake Shange. Hoy la situación ha empeorado y el martirologio de género crece vertiginosamente. Según el Ministerio de Igualdad, en España a lo largo de 2008 fueron asesinadas por sus parejas 70 mujeres, a las que hay que sumar 30 más este año. Estudios recientes sobre la violencia de género demuestran que la mayoría de asesinatos de mujeres se producen en la propia casa a manos de los varones con los que conviven o han convivido.
Ésta es la forma extrema de violencia de género, pero hay otras muchas que sufren las mujeres: abusos sexuales en las escuelas, parroquias, seminarios, familias y lugares de trabajo; turismo sexual en Asia, África y América Latina; mutilación de órganos genitales; lapidaciones bajo la acusación de infidelidad o adulterio; violaciones específicamente sexuales de los derechos humanos; agresiones y penas de muerte a lesbianas; prostitución forzada y prostitución de niños y niñas; violaciones colectivas en tiempos de guerra; violaciones dentro del matrimonio y durante el noviazgo; trabajo doméstico agotador; explotación de las "empleadas de hogar"; condiciones inhumanas en que viven las mujeres inmigrantes; prácticas sexuales sadomasoquistas; agresiones físicas y psíquicas; contagio del sida por los propios esposos o compañeros; asesinatos en serie; infanticidio femenino; abusos sexuales con enfermas mentales, etcétera. A todas ellas hay que sumar otras formas de violencia económica y cultural en la sociedad, en los medios de comunicación y en la publicidad.
La violencia de género no responde a un comportamiento aislado o perverso, propio de unos cuantos varones desalmados que actúan por maldad o a quienes se les cruzan los cables y en un momento de arrebato se les va la mano y golpean brutalmente a las mujeres hasta asesinarlas. Ésa es la imagen que un patriarcado supuestamente benévolo quiere transmitir a la sociedad y que ha conseguido instalarse en el imaginario social como explicación psicológica. Pero las cosas son muy distintas. La violencia contra las mujeres es estructuralmente normativa y debe entenderse y analizarse en términos sistémicos. Es el instrumento -el arma, mejor- habitual del patriarcado para mantener el poder y ejercerlo despóticamente sobre las personas que considera inferiores: las mujeres, las niñas y los niños. "La violencia contra las mujeres constituye el núcleo esencial de la opresión kiriarquica", afirma la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza, que entiende el kiriarcado como el gobierno del emperador/señor/amor/padre/esposo sobre sus subordinados. Esa violencia no es sólo física; comprende también "la construcción cultural y religiosa de unos cuerpos femeninos dóciles y de unas personalidades femeninas sumisas".
Esta idea es compartida por Joanne Carlson Brown, ordenada ministra de la Iglesia Metodista Unida y editora de la obra Cristianismo, Patriarcado y Abuso: una crítica feminista, para quien la violencia y los abusos sexuales son los principales instrumentos del patriarcado en apoyo del dominio de los hombres sobre las mujeres. Lo más grave y preocupante es que en este juego de poderes el cristianismo -al menos la mayoría de sus dirigentes y de sus teólogos- apoya a una de las partes, y no precisamente a la más vulnerable.
El patriarcado no actúa en solitario, sino en complicidad con otros poderes y modelos opresores de organización, como el racial, el económico, el político, el militar, el religioso y el homofóbico. El patriarcado tiene un pacto, expreso o tácito, con todos ellos. Su actuación conjunta da como resultado la sumisión de las mujeres a la lógica de los varones, su invisibilidad social, política y religiosa, su negación como sujeto y, en algunos casos, su desaparición física, como las siete mujeres que fueron asesinadas el año pasado a tiros en Chechenia por no someterse a la rígida moral islámica.
El feminismo, una de las pocas revoluciones incruentas de la historia, provoca en el patriarcado una reacción violenta insospechada e inesperada, a veces legitimada por la jerarquía eclesiástica, que considera la "teoría de género" como una "revolución insidiosa" (monseñor Cañizares) y la "revolución sexual" una de las responsables del "alarmante aumento de la violencia doméstica, abusos y violencias sexuales de todo tipo, incluso de menores en la misma familia" (Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España, aprobado en la LXXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal española el 21 de noviembre de 2003).
Más grave aún, el cardenal Cañizares, tras pedir perdón por la violencia sexual contra menores en las escuelas irlandesas durante varias décadas, relativiza la gravedad de esos abusos en comparación con el aborto. ¡Qué irracionalidad! Pero la irracionalidad episcopal llega a extremos difícilmente superables en el caso de Alfa y Omega, semanario de la Archidiócesis de Madrid, que llega a afirmar: "Cuando se banaliza el sexo, se disocia de la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal" (sic). ¡Toda una legitimación "religiosa" de la violación y una gravísima agresión contra las personas violadas, que denunciamos y consideramos un verdadero delito! ¿Compartirán todos los obispos estas afirmaciones tan inmisericordes firmadas por Ricardo Benjumea, redactor jefe del "semanario católico de información" citado?
En las religiones existen modelos de dominación patriarcal que llevan a aceptar y legitimar la autoridad injusta y a influir negativamente en experiencias vitales como el amor, el cuerpo, el placer, la espiritualidad y lo sagrado, y justifican el sufrimiento de las mujeres apelando a su sentido redentor. Esos modelos de dominación no sólo no fomentan el placer, sino que lo asocian con el egoísmo. Peor aún, infligen en las mujeres dolor, al que reconocen sentido redentor y, en el caso del cristianismo, ponen como ejemplo a imitar los sufrimientos de Cristo y de los mártires.
En su obra Placer sagrado (Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1998), Riane Eisler distingue dos formas de estructurar las relaciones humanas: la solidaria o gilámica y la androcrática o dominadora. En cada modelo se establecen unas relaciones entre sexo, poder y amor, así como entre dolor, placer y sagrado. El primero sitúa a los hombres junto a las mujeres, a los gobernantes al servicio de los súbditos y al ser humano en comunicación simétrica con la naturaleza. Eisler demuestra desde la arqueología, el arte, el folclor y la mitología, que la dirección original en la estructuración de las relaciones humanas fue el modelo solidario y que posteriormente se produjo un vuelco cultural a favor del modelo androcrático. Creemos que para luchar contra la violencia de género es necesario volver al modelo gilámico de relaciones humanas, que debe estructurarse en torno a la solidaridad y que considera el placer "sagrado".
Este artículo está firmado por Margarita María Pintos y Juan José Tamayo, teólogos.
Fuente: "El País".
martes, 28 de abril de 2009
CREADORAS DEL SIGLO XX
Ese es el título de una exposición que visité hoy y que incluye pinturas, fotografías y esculturas realizadas por mujeres en el siglo XX.
Allí estaban -y cito de memoria porque el programa de la exposición no contiene la relación de autoras- Maria Blanchard, Maruja Mallo, Ouke Lele, Cristina García Rodero, Gisele Freund y muchas otras artistas, de los años 20 hasta finales de siglo.
La exposición, en sí misma, me hubiera resultado interesante, independientemente de que los/las artistas fueran hombres o mujeres. El arte -creo- está por encima del sexo, de la raza, de la cultura, del tiempo. Por eso es arte.
¿Qué sentido tiene, entonces, una exposición exclusivamente femenina? ¿Se trata de que vamos a imponer ahora un "segregacionismo" en las salas de exposiciones, como el que quieren imponer los del OPUS en la enseñanza: los niños por una lado, las niñas por otro, y queremos exposiciones exclusivamente femeninas?
No. No es eso. La exposición "Creadoras del siglo XX" tiene un valor porque hace un recuento imprescindible, tras siglos en que la creación femenina fue sistemáticamente marginada.
En el programa de la exposición se habla de las dificultades que tuvieron las mujeres para desarrollar su capacidad de expresión artística, las trabas incluso legales que se imponían, el encasillamiento en temas "femeninos", etc.
Yo aún diría más: No sólo es que no se impulsara esa faceta de la mujer, o que se marginara, o que se postergara, o que se devaluara... Es que, cuando a pesar de todo lograba manifestarse, había apropiación o adjudicación indebida de la obra: Mujeres que firmaban con el nombre de sus padres o maridos para tener salida en el mercado. Casos en que, aunque la artista "triunfaba" en vida, su obra era arrinconada tras su muerte, o directamente destruida... Y casos en los que, además de darse todo lo anterior, la artista tenía que pagar un alto precio por su decisión de querer "ser" y no sólo "estar". Como ejemplo cito a la gran Artemisia Gentileschi, víctima del sexismo hasta extremos terribles. Se conserva parte de las actas del proceso en que ella acusó de violación a un discípulo de su padre. El tribunal condenó al agresor a una pena leve. Ella cayó en el descrédito y sufrió las consecuencias toda su vida. (Por cierto, que hay una desafortunada película de Agnés Merlet sobre esta mujer, que abunda en la inocencia del agresor).
Bienvenida, entonces, exposiciones como ésta. Son necesarias para que las mujeres recuperemos algo imprescindible: La visibilidad. Estamos aquí y hemos estado siempre. Somos. Hemos sido. Seremos.
Allí estaban -y cito de memoria porque el programa de la exposición no contiene la relación de autoras- Maria Blanchard, Maruja Mallo, Ouke Lele, Cristina García Rodero, Gisele Freund y muchas otras artistas, de los años 20 hasta finales de siglo.
La exposición, en sí misma, me hubiera resultado interesante, independientemente de que los/las artistas fueran hombres o mujeres. El arte -creo- está por encima del sexo, de la raza, de la cultura, del tiempo. Por eso es arte.
¿Qué sentido tiene, entonces, una exposición exclusivamente femenina? ¿Se trata de que vamos a imponer ahora un "segregacionismo" en las salas de exposiciones, como el que quieren imponer los del OPUS en la enseñanza: los niños por una lado, las niñas por otro, y queremos exposiciones exclusivamente femeninas?
No. No es eso. La exposición "Creadoras del siglo XX" tiene un valor porque hace un recuento imprescindible, tras siglos en que la creación femenina fue sistemáticamente marginada.
En el programa de la exposición se habla de las dificultades que tuvieron las mujeres para desarrollar su capacidad de expresión artística, las trabas incluso legales que se imponían, el encasillamiento en temas "femeninos", etc.
Yo aún diría más: No sólo es que no se impulsara esa faceta de la mujer, o que se marginara, o que se postergara, o que se devaluara... Es que, cuando a pesar de todo lograba manifestarse, había apropiación o adjudicación indebida de la obra: Mujeres que firmaban con el nombre de sus padres o maridos para tener salida en el mercado. Casos en que, aunque la artista "triunfaba" en vida, su obra era arrinconada tras su muerte, o directamente destruida... Y casos en los que, además de darse todo lo anterior, la artista tenía que pagar un alto precio por su decisión de querer "ser" y no sólo "estar". Como ejemplo cito a la gran Artemisia Gentileschi, víctima del sexismo hasta extremos terribles. Se conserva parte de las actas del proceso en que ella acusó de violación a un discípulo de su padre. El tribunal condenó al agresor a una pena leve. Ella cayó en el descrédito y sufrió las consecuencias toda su vida. (Por cierto, que hay una desafortunada película de Agnés Merlet sobre esta mujer, que abunda en la inocencia del agresor).
Bienvenida, entonces, exposiciones como ésta. Son necesarias para que las mujeres recuperemos algo imprescindible: La visibilidad. Estamos aquí y hemos estado siempre. Somos. Hemos sido. Seremos.
domingo, 19 de abril de 2009
¡PELIGROS DE LA MUJER AUTOCOMPLACIENTE!
Os dejo aquí una entrada que me ha envíado Los Viajes que no hice para su publicación en este blog:
Claro, claro... Ciertas manipulaciones pueden llevar al "desprecintado" accidental del producto. Lo que acarrearía la entrega de "material defectuoso" a su legítimo dueño y señor. Y aunque esa falta de "calidad" sólo debería llevar aparejada ciertas "penalizaciones" (adecuación del producto mediante alguna azotaina correctiva, sin más), algunos clientes montan en cólera y llegan a la destrucción total del objeto defectuoso (¿quién puede reprochar, en esas condiciones, que el cliente decepcionado lo considere "no recuperable" o de desecho y lo destruya?).
Corolario: Para no ser destruida, mantente intacta. Para mantenerte intacta, no forniques ni realices juegos peligrosos que puedan romper el precinto. Y, si no, ya sabes, atente a las consecuencias. (Es que algunas parecen que se lo están buscando, oye).
¿No os parece que debería adoptarse el Modelo EFQM para la calidad de las mujeres? Una norma ISO 9000 o algo así, que garantizara el producto?
¡Por la Calidad, hacia la Excelencia!
La 'arriesgada' masturbación femenina
Vía el ventano de qaesar el 14/04/09.
El sexo trae de cabeza a todas las religiones, aunque el Islam suele ser el más obsesionado cuando cuando se trata de la mujer. Esta vez ha sido el Sheik sunnita Yousuf Al-Qaradhawi quien ha hablado en el canal Qatar TV sobre los peligros a los que se enfrenta la mujer que osa disfrutar con su cuerpo a solas.
"La masturbación femenina es más arriesgada que la masturbación masculina. La masturbación en el hombre no es tan arriesgada. A veces la mujer se mete los dedos, o incluso objetos que pueden ser peligrosos. Especialmente dado que el himen es tan sensible, y jugar con él podría rasgarlo. Esto puede exponer a la mujer ante graves acusaciones. Ella podría defenderse diciendo esto o aquello, pero no será creída. Ellos pensarán que la mujer habrá debido tener relaciones prohibidas con algunos chicos. De esta forma, la mujer queda expuesta ante acusaciones de fornicación, podría ser acusada de fornicación.
Atraerá así una gran desgracia sobre ella y sobre su familia. Será un desastre. Algunos cercanos podrían incluso matarla. Porque algunos no se detienen en las fronteras de la ley religiosa. Conducidos por la envidia y la rabia podrían cometer el crimen de matar a la mujer. Obviamente, ese crimen está prohibido y sería un grave pecado. Incluso si ha fornicado, una mujer no merece ser asesinada. Como mucho, debería ser azotada, si confiesa cuatro veces o hay testigos. Así que no recomiendo a ninguna mujer a que se exponga a esto.
Una mujer debe ser paciente. Las cosas que le sirven de tentación, siento decirlo, son las que unas se enseñan a otras. Una le cuenta a la otra, «he hecho esto y eso» o «he visto una película donde hacen esto y lo otro». Algunos canales de televisión, especialmente los europeos, muestran actos sexuales grotescos, inaceptables según nuestras normas, nuestros valores morales y nuestras leyes religiosas. Rechazamos esas cosas. Esas películas nudistas escandalosas.
Nuestras mujeres podrían aprender cosas de esa gente. Una mujer musulmana debe comprometerse a lo que su Dios ha decretado. Debe cuidarse, rezar, temer a Dios, mantenerse ocupada. Puede leer un bonito libro, hacer las tareas de casa, unirse a la caridad, perder en suma su tiempo haciendo cosas que le sean útiles, en este mundo y en el mundo que va a venir. En lugar de obsesionarse por satisfacer sus impulsos, especialmente de una forma prohibida por su ley religiosa".
Claro, claro... Ciertas manipulaciones pueden llevar al "desprecintado" accidental del producto. Lo que acarrearía la entrega de "material defectuoso" a su legítimo dueño y señor. Y aunque esa falta de "calidad" sólo debería llevar aparejada ciertas "penalizaciones" (adecuación del producto mediante alguna azotaina correctiva, sin más), algunos clientes montan en cólera y llegan a la destrucción total del objeto defectuoso (¿quién puede reprochar, en esas condiciones, que el cliente decepcionado lo considere "no recuperable" o de desecho y lo destruya?).
Corolario: Para no ser destruida, mantente intacta. Para mantenerte intacta, no forniques ni realices juegos peligrosos que puedan romper el precinto. Y, si no, ya sabes, atente a las consecuencias. (Es que algunas parecen que se lo están buscando, oye).
¿No os parece que debería adoptarse el Modelo EFQM para la calidad de las mujeres? Una norma ISO 9000 o algo así, que garantizara el producto?
¡Por la Calidad, hacia la Excelencia!
domingo, 12 de abril de 2009
No llores, que es peor
Absuelto un maltratador porque la víctima no concretó los detalles de la agresión sexual
A juicio del Alto Tribunal, los llantos y sollozos de la víctima impidieron que relatara con precisión en qué consistieron los abusos.
Es que nuestro Alto Tribunal es muy serio. No le gustan los llantos ni las histerias ni las tonterías. A ver si, con el rollito de los sollozos, se va a castigar a un pobre hombre.
¿En el sumario no constaban las anterioes agresiones, ni la orden de alejamiento, ni las heridas que tardaron más de 15 días en curar, ni el ingreso en una casa de acogida, ni...?
Dura lex, sed lex. Pero, digo yo, ¿dura para quién?
Aquí podéis ver la noticia.
A juicio del Alto Tribunal, los llantos y sollozos de la víctima impidieron que relatara con precisión en qué consistieron los abusos.
Es que nuestro Alto Tribunal es muy serio. No le gustan los llantos ni las histerias ni las tonterías. A ver si, con el rollito de los sollozos, se va a castigar a un pobre hombre.
¿En el sumario no constaban las anterioes agresiones, ni la orden de alejamiento, ni las heridas que tardaron más de 15 días en curar, ni el ingreso en una casa de acogida, ni...?
Dura lex, sed lex. Pero, digo yo, ¿dura para quién?
Aquí podéis ver la noticia.
domingo, 8 de marzo de 2009
lunes, 16 de febrero de 2009
¡Ya empezó!
La cuenta macabra... Tres nuevas víctimas, al menos, en lo que va de 2009. Mujeres jóvenes, asesinadas por hombres jóvenes. La última, una menor, matada por un muchacho. Un asesino que encontró solidaridad entre amigos y familiares para ocultar el crimen y borrar las pruebas...
¿Alguien cree, verdaderamente, que la violencia sexista es cosa del pasado y que desaparecerá por sí sola, por la fuerza de "los nuevos tiempos? ¿Alguien sigue pensando que se puede ser violento con la pareja y, a la vez, "un buen chaval"? ¿Alguien comprende que al calor de una discusión se mate a una mujer?
Sevilla,
Parla,
Sevilla
¿Alguien cree, verdaderamente, que la violencia sexista es cosa del pasado y que desaparecerá por sí sola, por la fuerza de "los nuevos tiempos? ¿Alguien sigue pensando que se puede ser violento con la pareja y, a la vez, "un buen chaval"? ¿Alguien comprende que al calor de una discusión se mate a una mujer?
Sevilla,
Parla,
Sevilla
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